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ENTREVISTA+VIDEO// Infierno: Luidig cuenta su historia

viernes 05 de octubre de 2012 09:30 AM

Sabrina Machado / Caracas

Su cuerpo evidencia el paso de la violencia. Las marcas de la cárcel y de más de 15 años involucrado en hechos delictivos son indelebles. Hoy en día Luidig Ochoa, de 32 años, cuenta su historia, desde otra óptica, plasma su vivencia en un seriado animado, drena su ira en Cárcel o infierno.


Con apenas 14 años de edad ya tenía como juguete preferido un arma. En ese entonces fue más atractivo el “hierro” que el cuaderno de dibujo, pasión con la que nació y que, en la actualidad, lo está salvando de sus demonios.


En enero de este año montó en youtube una comiquita, de extremada crudeza, que relata su vivencia en las cárceles donde le tocó graduarse como delincuente: La Planta, en la ciudad de Caracas, y Tocorón, en el estado Aragua.


La primera vez ingresó por el delito de porte ilícito de arma de fuego, jamás conoció la sentencia de un tribunal —aún cuando estuvo dos años detenido—. Salió con una medida cautelar, en vista del retardo procesal evidenciado en su caso. En esa oportunidad fue detenido por funcionarios de la Policía de Chacao, llevaba una pistola, solicitada.


A los dos años de estar en libertad le tocó conocer otra realidad, más cruenta, salvaje y difícil: Tocorón. En este centro formó parte del “carro” que llevaba el control interno del internado, y se ubicó como segundo líder de la cárcel.


En los tres años que estuvo privado en el centro penitenciario vio morir a más gente de la que cualquier persona normal jamás desearía ver. En esta oportunidad fue ingresado por lesiones graves, intentó matar a alguien en Maracay, y fue detenido por la policía regional.


Su prontuario también registra el paso por varios retenes de menores. Afirma que desde siempre estuvo metido en problemas, le gustaba marcar su zona, no dejar que otro llegara a mandar en su sitio, aunque marca distancia con los actuales azotes de barrio. “No me metía en robos ni homicidios, pero sí era violento, sí andaba por otros lados”.


Reconoce que cuando montó el primer capítulo de la serie Cárcel o infierno, cuya duración fue de siete minutos 42 segundos, jamás pensó que tendría la receptividad que alcanzó con el paso de las semanas. Hoy en día más de un millón de personas lo han visto.


Los capítulos subsiguientes, de 10 minutos aproximadamente, fueron producto de la demanda por parte de los seguidores, ya suman ocho los episodios montados en Internet. Miles de personas esperan con ansias la entrega del próximo capítulo, que será estrenado el domingo 14 de octubre.


Luidig ya cuenta con casi 20 mil seguidores logrados en los últimos cinco meses en la red social twitter. Se ha convertido en una especie de celebridad.


En un primer momento no pensó en el concepto de denuncia social, solo quería drenar, mostrar lo que vivió entre esas cuatro paredes, o en su caso, en los tres pisos en los que mantuvo el control en el internado aragüeño, en compañía de otros presidiarios. Sin embargo, considera que es necesario dejar una enseñanza para que los jóvenes no consideren que estar preso es un “tripeo o una nota”, como muchos lo ven.


“Lo lamentable es que hay chamitos ‘coco secos’, niños que ven la serie y disfrutan de las armas, las fiestas, la violencia que se ve, que se vive, y no se percatan de todo lo que se pierde y se arriesga al estar en prisión. Muchas veces llamé a mi mamá para despedirme, creyendo que vivía mi último momento. Vi a muchos muchachos morir al día siguiente de llegar”, señala el protagonista y productor de la serie.


Al mismo tiempo indica que nadie que sale de la cárcel lo hace en las mismas condiciones en las que ingresa. “A lo mejor estoy un poco loco y no lo sé, pero te digo que el trauma y el estrés que se vive te trastorna”.


Cada uno de los personajes de la serie animada son reales, alguno de ellos todavía se encuentran detenidos en distintas cárceles del país; por tal motivo, los bautizó con nombres ficticios. Asimismo las vivencias plasmadas en el seriado constituyen la realidad pura de una cárcel, sin maquillaje.


Rechaza que con su trabajo realice apología del delito, para él sencillamente es como escribir un libro de una vivencia importante, solo que lo hace a través del mecanismo que mejor conoce: los dibujos.


A medida que el animado ha crecido entre los afectos la serie ha ganado en riqueza, musicalización, moralejas, que no tienen la intención de fastidiar ni alejar a los cautivos, por lo cual los niveles de violencia y el lenguaje soez no serán modificados de gran manera.


El punto de quiebre en la vida de Luidig Ochoa ocurrió hace cuatro años, con la muerte de su único hermano Luis Alfonso, por parte de personas que sólo cobraron una venganza, tomando una vida inocente entre sus manos.


El hecho ocurrió en la ciudad de La Victoria, en Aragua. El joven llegaba a su residencia cerca de las cuatro de la madrugada, en compañía de un amigo, cuando fueron sorprendidos por varios sujetos que le dispararon. Alfonso intentó correr, pero las balas lo alcanzaron por la espalda. En el piso fue rematado por los hombres. Tendidos, en la calle, quedaron los dos cuerpos.


“Yo pagué todo lo malo que he hecho en esta vida con la muerte de mi hermano”, dice de manera dramática. En forma de homenaje lleva sus iniciales siempre en alto —en una gorra negra con letras blancas—, al igual que el personaje principal del seriado: Cara e’ muerto, que sería su personificación.


Ésta no sería la primera vez que gracias a sus andanzas pondría en peligro a su familia. En una oportunidad estaba en el vehículo con su padre y su hermano en una bomba de gasolina, cuando pasaron varios hombres y los tirotearon. Él recibió un disparo en el brazo, mientras su padre resultó herido en la cabeza, afectándole las cuerdas vocales, con lo que vio afectado su habla de manera permanente.


“Hay que ser muy bruto, al ver a tu madre sufrir y no rectificar, si algo me pasara a mí ella se quedaría sola”, fue la reflexión que llevó a Ochoa a tomar otros aires, a través de un camino que obliga a hacer el sendero con pasos cortos, pero firmes. “Estoy consciente que el cambio no es de un día para otro”.


Lo primero que hizo para comenzar esta nueva etapa fue dejar Aragua, salir de su entorno inmediato, alejarse de sus enemigos y de sus incondicionales. “Hablar del pasado es hablar de puros difuntos, llegó a Aragua y no conozco a nadie”. La violencia cambió el panorama en solo tres años. Violencia que él vivió en carne propia: su cuerpo tiene la marca de 15 disparos.


Luego de salir de la cárcel encontró el apoyo de gente precisa que lo ayudó en esta nueva etapa de su vida. Ingresó a Ávila Tv para trabajar en las animaciones. El himno nacional de este canal fue elaborado por él. Allí duró dos años.


Después formó parte de Venezolana de Televisión, donde permaneció durante año y medio; posteriormente, pasó al Minci. A partir de este año decidió probar suerte con su proyecto personal y caminar solo con el apoyo de sus familiares y de la gente que cree en él. “No los puedo decepcionar”.


Cada mañana sale de su residencia y lo primero que se dice es: “por estas 24 horas no voy a tener problemas con nadie” y bajo esta premisa amarra a sus demonios, ya que está consciente que “yo soy el que tengo que cambiar, ser tolerante con la gente, tengo que controlar a mi loco”.


De esta forma nació Cárcel o infierno, seriado donde se observa la problemática del retardo procesal, la autoridad de los “pranes” por encima de los directores de los penales, las fastuosas celebraciones realizadas en fechas especiales, la presencia indiscriminada de armas, las precarias condiciones en las que habitan los miles de presos que viven en los 33 penales del país, la insalubridad de los centros, se muestran las ratas y las cucarachas.


Los cinco años que estuvo bajo rejas le dejaron la convicción que sencillamente el problema carcelario no “le duele a nadie, no hay voluntad política para resolverlo. En la cárcel hay 500 mil personas por delitos que se resuelven en una audiencia. No me pueden decir que no hay transporte para llevar a los presos a los tribunales, pero sí para las marchas”.


Esta vivencia también le enseñó que hay que respetar las reglas, “andar derechito”, no “comerse la luz”, por ello, en Cárcel o infierno jamás se verán retratadas las fugas, los negocios (manejo de armas y drogas) y las caletas (lugares donde se guardan las drogas y las armas) “siempre tuve cuidado de ello”, relata Ochoa, al admitir que muchos privados disfrutan y fiscalizan el contenido de su creación.


Esta serie no es solo disfrutada por la población reclusa, sus familiares o personas en general, autoridades también la observan de cerca para escudriñar cada segundo de su contenido.


Un mensaje del presidente Hugo Chávez fue colocado en los primeros capítulos, lo cual le valió la visita a su residencia de funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia, quienes invitaron a Ochoa a editar estas imágenes, lo cual tuvo que hacer.


Hoy, asegura sentirse feliz, tranquilo, aprendiendo cada día más, su arma ha sido desplazada por la computadora, que siempre lleva en su carro, al lado de su perro pitbull, de nombre Gazú. Ha decidido entregarse a esta pasión, se siente abrumado por la receptividad de la gente, retuitea cada mensaje de los decenas que le llegan a diario y ya hasta piensa en nuevos proyectos.


Su esfuerzo comienza a cosechar frutos. Su característica gorra es vendida entre los comerciantes informales de Caracas, al igual que los capítulos de la serie son vendidos por entregas. Los últimos episodios han contado con el apoyo de empresas que desean publicitarse en este espacio.


Su madre está feliz al observarlo, otorga autógrafos a jóvenes que lo reconocen, gracias al extraordinario parecido con su personaje principal. Entiende que el tener una carta de presentación manchada con varios ingresos a los tribunales le afecta su vida diaria, como ocurrió hace poco tras la muerte de un funcionario policial cerca de su casa.


Esto generó que lo trasladaran de una manera brutal hasta la sede del Cicpc donde fue interrogado. Lo único que lo vinculaba con este hecho era su innegable pasado.


En este instante, sintió rabia, indignación, sentimientos que le provocaron regresar al pasado, ya que si me van “a joder háganlo por algo que realmente haya hecho”. Pero su esposa y su madre, quien es su pastillita diaria, lograron amarrar la ira, el “pecado capital del cual sufro”.


 


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