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FOTOS+VIDEO: Las heridas de la lluvia siguen vivas en este caserío de la Guajira

martes, 17 de julio de 2012 09:30 AM

Guajira


 


Autores: Américo Torres/Margioni Bermúdez


Desolación y olvido. Eso es lo que se respira en La Quemada, en la baja Guajira venezolana. Ha pasado año y medio desde las inundaciones de 2010 que avasallaron la vida tranquila de esta comunidad wayuu. La miseria crece con cada nuevo “invierno”. Perderlo todo una y otra vez, los enseres, los animales de cría.



FOTOS: Américo Torres


Ellos forman parte de las más de 10 mil familias que resultaron afectadas por las lluvias fuera de control que marcaron los últimos meses. Al menos 80% de la Guajira quedó bajo las aguas y en La Quemada las secuelas están vivas.


“Con las inundaciones de 2010 quedaron solo los palos de los ranchos. Estuve 16 días en un refugio de El Moján, nos atendieron bien, pero los niños se querían venir porque no se hallaban allá. Nos vinimos y el agua ya había bajado, nos tocó levantar los ranchitos sin ayuda. Los ranchos no sirven para nada. No tenemos escuela, ni carretera, ni electricidad. Aquí han venido todos y nos ofrecen. El puente que nos comunica tampoco sirve. Cuando llueve quedamos incomunicados y se va la luz”. Las quejas salen una tras otra de labios de Dorila González, una wayuu de 24 años que deja colar decepción en su relato.


El acceso al agua potable resulta un lujo para las catorce familias. En bicicleta deben recorrer varios kilómetros para hacerse de unos pocos litros. En temporada de sequía la vía se convierte en un camino seco y polvoriento. En contraste, cuando llueve pueden quedar incomunicados varios meses entre un pantano.




Camino a la escuela más cercana el peligro es inminente. Esa es la angustia que embarga a diario a Dorila , una madre que se debate entre enviar a sus hijos a aprender a leer y escribir, y la incertidumbre de saber si regresarán vivos.


“Estamos en esta zona tan marginada de la Guajira. Ellos lo pierden todo con cada inundación. Les pasó en 1999, 2004, 2010 y 2011”, sentencia preocupada María Luisa Lunvick, presidenta de Benposta y testigo de las calamidades que se viven en la Guajira.



A sus 58 años Rita Polanco asegura estar cansada de esperar soluciones. Su mirada se entristece cada vez que recuerda las veces que le ha tocado subir lo poco que pueden en los techos para “medio salvar algo”. “Cuando nos llega el agua nos sacan en lancha pa’ la parte alta. En la última creciente perdimos todo otra vez. Se ahogaron los chivos, los cochinos, qué íbamos a hace, no pudimos salvarlos”.


Pero no todo es tristeza en La Quemada. Los ojos saltones de Yubirí Polanco, una wayuu de diez años, reflejan alegría. Para asistir a clases, los niños de esta comunidad caminan en promedio una hora de ida y otra de regreso. Esto no desanima a Yubirí, quien al levantarse a las 5:00 de la mañana ve en cada amanecer esperanza.





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