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Conozca al niño sordociego que va al colegio

miércoles, 27 de junio de 2012 06:00 AM

Maracaibo

El pequeño Anderson Barrera no ve comiquitas en la televisión, tampoco escucha canciones infantiles. Todo lo que el sabe y conoce es lo que le enseñan jugando con el tacto de sus manos.
Anderson nació prematuro y fue su abuela quién percibió que el niño no respondía a las luces ni a los sonidos. Así comenzó el recorrido de diferentes médicos en busca de un diagnóstico.



Efectivamente, Anderson era uno de esos casos de sordoceguera, una combinación de deficiencia visual y auditiva. Esta discapacidad puede aparecer de manera congénita o cuando una persona sorda comienza a tener una pérdida visual o una persona ciega pierde el sentido del oído.


En su caso, la aparición a una edad temprana condiciona y dificulta esencialmente el desarrollo de la comunicación y del lenguaje. Por eso, Anderson fue ubicado en el primer grado del Instituto Zuliano de Audición y Lenguaje (Izal).


Su profesora, Dayanne Larreal, explicó que Anderson fue “nuestro primer alumno sordociego y con él comenzamos trabajando el aprendizaje mediante el tacto. La lengua de seña mano sobre mano, enseñándole técnicas de reconocimiento de texturas, secuencias numéricas con concreto y entrenamiento de movilidad”.

La dificultad real de esta discapacidad es comenzar a aprender sistemas de comunicación que le permitan conocer todo y cuanto le rodea. Y cuando la vista y el oído se pierden a la vez, el tacto es el único aliado.

“Nuestro compromiso como institución es darle mayor calidad de vida. Y pese a la falta de recursos nosotros decidimos ocuparnos y no preocuparnos”, señaló Duilia Andrare, psic&´loga e intérprete de lengua de señas de Izal.


La sordoceguera impide conocer el entorno y a su vez la interacción con el entorno físico, intelectual y emocional. Y para conseguir avances se requiere una buena intervención educativa.


Anderson está comenzando a conocer el mundo de manos de su madre, Kelly Carrillo, que se emociona cuando ve que su hijo “está aprendiendo a ser más independiente, más tranquilo. Él es un niño feliz”. Ésto último necesita Anderson para conocer y tener el mundo en sus manos.
 




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