Desde sus respectivas esquinas mediáticas, en diferentes canales de televisión, dos periodistas identificados abiertamente con la oposición y el oficialismo apuntan su “arsenal” comunicacional a desentrañar qué pasa en la acera contraria, esa que adversan con tanta vehemencia que no tienen reparo en ocultar.
Por el contrario, Leopoldo Castillo, el ‘Ciudadano’ de Globovisión, y Miguel Pérez Pirela, el ‘Filósofo político’ de VTV, acentúan cada crítica, dato o análisis con la energía de quien lanza dardos a su blanco, seguro de no fallar, con vista de águila y fuerza de león.
Los vientos electorales, estos que recorren Venezuela con tanta frecuencia que fueron denominados con jocosidad por el expresidente brasileño Lula da Silva de “exceso de democracia”, son el combustible que está intensificado el verbo picante de los conductores de ‘Aló, Ciudadano’ y ‘Cayendo y Corriendo’.
Separados por sus concepciones políticas y la distancia de los años (Castillo, mayor de 60 años y Pérez Pirela, de 34), su única afinidad es que ambos son zulianos. Hasta ahí.
De Leopoldo Castillo (abogado), se sabe que sus inicios fueron como locutor, y que su interés por la política lo acercó a Copei, en el que militó desde siempre. Durante el Gobierno de Luis Herrera Campins (1979-1984) fue diplomático en El Salvador. De esa época arrastra el comunicador la sombra de su supuesta participación en la operación Centauro —de la que habría formado parte—, vinculada al asesinato de religiosos que apoyaban a la guerrilla centroamericana.
Aunque en reiteradas ocasiones ha aclarado que no tiene nada que ver con el suceso, el apodo de ‘El Matacuras’, popularizado en los últimos años por sus adversarios oficialistas, resuena con insistencia desde la otra orilla cuando se refieren a él: sostienen que desde aquellos años funge como agente de la CIA, de la que ya era parte cuando fue funcionario.
Desde el 2002 Castillo ha arreciado su ofensiva contra el Gobierno de Hugo Chávez, al que ataca por la calle del medio. Este mismo año, luego del golpe de Estado, extendió su programa Aló, Ciudadano para toda semana. Desde allí, el antiizquierdista —como él mismo se ha definido— enfila sus baterías contra la gestión del Gobierno, realiza entrevistas dirigentes opositores, muchos de ellos provenientes del bipartidismo (AD-Copei) que prevaleció en entre 1958 y 1998.
Creando polémica con sus comentarios y calificativos (incluso racistas), ha sido cuestionado por extender su participación política a la palestra mediática.
Del otro lado, Pérez Pirela entró con fuerza al escenario mediático desde el año pasado, con una propuesta (Cayendo y Corriendo, en horario similar al de ‘Alo...’) que también ha sido criticada por su clara orientación anti-oposición y comentarios considerados ofensivos para la oposición.
El formato descrito “para el análisis crítico de los medios venezolanos...”, desmenuza contenidos que estima contrarios a l Gobierno, con su acento maracucho y hasta bailes de por medio.
Doctor en Filosofía política y escritor, con postdoctorado en la Sorbona de París, Universidad Roma III y Gregoriana de Roma, se desempeñaba como analista político hasta que entró al equipo de conductores de programas del canal del Estado.
“Creo tener los estudios suficientes para justificar científicamente mi postura política. Sin Chávez, desde hace años estuviéramos inmersos en una guerra civil”, argumenta para explicar de qué lado se ubica en el mapa político.
Round a round, tanto Castillo como Pérez Pirela ‘pegan’ sin descanso, midiendo los alcances de sus análisis y críticas, monitoreando de cerca las condiciones del ‘cuadrilátero’, en una pelea por mantener a raya al otro sector: al opositor, al oficialista; al adversario.
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