“Yo la saludé y ella no me respondió. Las enfermeras me habían advertido que no intentara hacer reír a esa niña, porque era muy agresiva y golpeaba a todo el que entraba a su habitación”, recuerda Ghandy Aboul, fundador de Ecorisas, la organización que coordina a Doctor Yaso en Maracaibo, una institución sin fines de lucro cuya misión es aliviar el sufrimiento de quienes ven entristecido su destino dentro de las paredes de un hospital.
Ante todo lo que le advirtieron y la poca grata bienvenida de la niña de 14 años, recluida en el Hospital de Especialidades Pediátricas de Maracaibo, Ghandy pensó en retirarse, pero antes le preguntó:
—¿Y qué ves?
—Un programa sobre Dios, le respondió la paciente.
—¿Y eso?
—Es que sé que me voy a morir y quiero saber más sobre Él.
“Aún se me eriza la piel con esa respuesta. Hubo una conexión que nunca olvidaré”, cuenta el joven psicólogo y uno de los mil voluntarios de Doctor Yaso o Payaso de Hospital que hay en Venezuela.
Contribuir a la humanización hospitalaria y aportar al desarrollo social, a través de la risa, el humor y la fantasía constituyen el día a día de la organización que cuenta con 17 sedes en todo el país y se mantiene de aportes voluntarios.
“Muy pocos lo saben, pero Venezuela tiene el grupo de payasos de hospitales más numeroso del mundo. Solo nos sigue Chile que cuenta con unos 350 aproximadamente. En Zulia somos casi 70 personas”, expuso Aboul.
Batas de médicos, pelucas, caritas pintadas y una que otra nariz roja se dejan pasear por los pasillos de hospitales y ancianatos.
“Una de las cosas que más me dolía era ver a mi hijo sufriendo todos los días, pero llegaron esos payasos y todo cambió. Pasó de estar triste a jugar y pedirles que vinieran todos los días. Ellos me dieron algunos consejos para mantener el juego y lograr que mi hijo sonriera todos los días. La gente de Doctor Yaso debe tener una puerta ganada en las bendiciones del cielo”, expresó Carlos Eduardo González, padre de un paciente con neoplasia maligna.
No cuenta con una sede, aunque sí la necesitan, pero les sobra voluntad para visitar hospitales dos veces por semana. Se ponen de acuerdo por teléfono y se aparecen con un carisma que solo un poder Divino parece darles.
La psicopedagoga Cecilia Pardo, mejor conocida como Doctora Chesi, no puede dejar de entrecerrar los ojos y hacer un rápido recorrido de instituciones visitadas cada vez que alguien le pregunta sobre su labor como voluntaria en Doctor Yaso. La misión es ir transformando el lugar por donde se va pasando para minimizar el sufrimiento, mitigar el dolor y rellenar la falta de amor.
La organización se basa en la técnica del payaso de Clown, donde alegría, humor, sonrisa, juego, improvisación y contacto visual se unen para mejorar la calidad de vida en el ambiente hospitalario o en escenarios de abandono y tristeza. Todo un reto.
Los voluntarios se eligen mediante talleres y las ganas de repartir alegría es el principal requisito. El trabajo es un poco secreto, así que el voluntariado lo conforman personas de todos los niveles, desde un vendedor de flores en la plaza hasta un reconocido artista.
“Muchas bendiciones y agradecimientos he recibido. Son los tesoros más preciados en la maleta de mi vida. Tengo 55 años, tengo una familia a quien amo, amigos con calidad de hermanos, soy ciudadana responsable de este país y además y de ñapa, la vida me premió: Soy un Doctor Yaso”, exclama Cecilia Pardo.
Afortunadamente cada vez son más las personas convencidas de que los cambios que se producen en los niños, sus familiares, el personal intrahospitalario, ancianos; efectivamente contribuyen a la mejoría del mal que los aqueja recuperando la salud y el deseo de vivir más rápidamente.
José Mario Fuenmayor, otro voluntario, se siente : “La posibilidad de brindar sonrisas es un privilegio para mí y la oportunidad de recibirlas es esperanza para nuestros pacientes”, dijo. Un paciente puede pasar ocho meses en un hospital sin que nadie sepa su nombre, pero Doctor Yaso se lo aprende de una vez y para siempre.
Cuando Ghandy salió de la habitación que representaba su primera visita como payaso de hospital, las enfermeras se acercaron: “¿Te pegó? ¿Te gritó? Te sacó?”, pero la niña, que hoy no está, no hizo nada de ello. Doctor Yaso no llegó ni llega en búsqueda de pacientes o enfermedades, se acerca al ser humano. “Ella murió tres meses después, pero me dejó bien claro que la risa es un asunto muy serio”.
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