Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Experiencia Panorama
06:55 PM / 06/03/2017
Gabriel García Márquez saluda desde la eternidad: este lunes cumpliría 90 años
Alexis Blanco
1
Agencia Gtres

Muchos años después, frente a tantos pelotones de fusilamiento, los herederos de los AurelianosBuendía de cada día continúan recordando aquel mágico instante en el que un escritor colombiano llamado Gabriel García Márquez llegó a sus vidas para cambiarlas.

Nueve décadas después de su nacimiento, el 6 de marzo de 1927, en Aracataca, la humanidad extraña sobremanera las lúcidas intervenciones de quien fundió en un mismo crisol la ficción con la realidad y, a partir de las herramientas del oficio de la escritura que le proveyera su condición de periodista y de artífice, completo una saga creadora que lo llevó a ganar el Premio Nobel de Literatura, en 1982.

¿Cómo no extrañar a “Gabo”, cuando suceden tantos acontecimientos vinculados con lo que fue su cotidianidad? ¿Cómo soslayar sus ácidos comentarios en torno a, por ejemplo, supongamos ahora mismo, los asuntos vinculados con la paz en su país natal, o los excesos del nuevo gobierno estadounidense con relación al país que lo adoptó, México? ¿Cuánta lúcida ironía habríamos escanciado leyendo sus crónicas acerca de los nuevos tiempos que corren? ¿Imaginan ustedes cuál sería la diaria participación del autor de Cien años de soledad, en el contexto de las redes sociales? ¿Y el periodismo? ¿Y el cine?

Memoria activa, recordemos sus palabras en Cartagena, cuando su obra cumbre llegó al millón de ejemplares publicados: “Pensar que un millón de personas pudieran leer algo escrito en la soledad de mi cuarto con 28  letras del alfabeto y dos dedos como todo arsenal parecería a todas luces una locura (...) Este milagro es la demostración irrefutable de que hay una cantidad enorme de personas dispuestas a leer historias en lengua castellana (...) Es la demostración de que hay lectores en lengua castellana hambrientos de este alimento (...) Desde que tenía 17 años y hasta la mañana de hoy no he hecho cosa distinta que levantarme todos los días temprano y sentarme ante un teclado para llenar una página en blanco o una pantalla de computador con la única misión de escribir una historia aún no contada por nadie que le haga más feliz la vida a un lector inexistente...”.

Y establecía entonces unos datos contundentes: “Los lectores de Cien años de soledad son hoy una comunidad que si se unieran en una misma tierra sería uno de los 20 países más poblados del mundo. No se trata de afirmación pretenciosa. Quiero apenas mostrar que hay una gigantesca cantidad de personas que han demostrado con su hábito de lectura que tienen un alma abierta para ser llenada con mensajes en castellano (...)Tenía la mala educación de pensar que los errores de mecanografía o de gramática eran en  realidad errores de creación y cada vez que los detectaba rompía la hoja y la tiraba al canasto de basura para empezar de nuevo...”.

 Desde Florida, el artista Jesús Villarreal, licenciado en letras, escribe en una de sus telas un graffiti esperanzador inspirado en su visión “Garciamarquiana”: “Lo veo como un puente para que crucen nuevos escritores, es decir, la generación de relevo”.

Gabo, redescubriéndonos la soledad como un tema inmenso. En el discurso de recibimiento del Nobel dejó constancia de sus convicciones: “Me atrevo a pensar, que es esta realidad descomunal, y no sólo su expresión literaria, la que este año ha merecido la atención de la Academia Sueca de las Letras. Una realidad que no es la del papel, sino que vive con nosotros y determina cada instante de nuestras incontables muertes cotidianas, y que sustenta un manantial de creación insaciable, pleno de desdicha y de belleza, del cual este colombiano errante y nostálgico no es más que una cifra más señalada por la suerte. Poetas y mendigos, músicos y profetas, guerreros y malandrines, todas las criaturas de aquella realidad desaforada hemos tenido que pedirle muy poco a la imaginación, porque el desafío mayor para nosotros ha sido la insuficiencia de los recursos convencionales para hacer creíble nuestra vida. Este es, amigos, el nudo de nuestra soledad”.

Y florecen más todavía estos términos para entender(nos): “Sin embargo, frente a la opresión, el saqueo y el abandono, nuestra respuesta es la vida. Ni los diluvios ni las pestes, ni las hambrunas ni los cataclismos, ni siquiera las guerras eternas a través de los siglos y los siglos han conseguido reducir la ventaja tenaz de la vida sobre la muerte. Una ventaja que aumenta y se acelera: cada año hay 74 millones más de nacimientos que de defunciones, una cantidad de vivos nuevos como para aumentar siete veces cada año la población de Nueva York. La mayoría de ellos nacen en los países con menos recursos, y entre estos, por supuesto, los de América Latina. En cambio, los países más prósperos han logrado acumular suficiente poder de destrucción como para aniquilar cien veces no sólo a todos los seres humanos que han existido hasta hoy, sino la totalidad de los seres vivos que han pasado por este planeta de infortunios (...) Nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Benditas letras, Gabo.

El escritor Gabriel Jiménez Emán sirve unas palabras en regia bandeja de barro curado: “Lo de García Márquez es pura empatía con el lector, tanto literaria como humana. Recogió el legado del pueblo y lo devolvió al pueblo mediante magia pura”. 

Y el poeta Darío Romero aproxima el caldero a la leña ardiente: “Pro no sé si quedaré habilitado para intuir lo que el Gabo podría pensar de "este dolor con  nombre de comida diaria, inseguridad y medicamentos...". Fuerza literaria.

Y, desde el cielo, imaginamos al generador del llamado  “boom latinoamericano”, con su mirada pícara y, detrás de sus rizos y el bigote a lo Daniel Santos, proponiendo a sus colegas periodistas, en tanto artistas e intelectuales en potencia, reflexionar sobre la distopía, la anomia y los intereses degeneradores. Gabo, siempre fabulando desde la realidad atormentante, sobre la soledad, su soledad, la que nos enseñó a ver como nuestra.

Nosotros, por él transmutados en  Aureliano Buendía envuelto en su recuerdo del hielo, como  el coronel a la espera eterna de una carta que nunca acabó por llegar. Fuimos el viejo desnortado al que le nacieron unas alas grandes e inexplicables. Hicimos nuestra la pasión, su pasión, en los tiempos del cólera. Sentíamos Macondo como un estado de ánimo, según reseñan  maestros.

Con Gabo supimos ser patriarcas en pleno otoño y en Santiagos Nasar cruzando el Hades con su muerte anunciada y deseamos amar durante una vida entera, como los Ariza-Daza. También abrimos el corazón  a ese Bolívar en su laberinto, derrotado por sus sueños.

La poeta Xiomara Rivas recoge unas flores blancas y las coloca dentro de su edición especial de los “Cien años”: “ A vuelo de pájaro, es simple, seres de manos privilegiadas como las suyas para la literatura en toda la extensión y riqueza que el tenia, en la actualidad, no abundan, es mas no existen..”.

Ese vuelo que se remonta al Olimpo de los magos de la palabra, ese memorioso orfebre de las 28 letras y dos dedos, hoy nos compromete mucho más a soñar, 90 años después, frente a nuestros personales pelotones de fusilamiento...
 

¿Te gustó la nota?
Publicidad
1
TOP 5 DE NOTICIAS
Publicidad
1Comentarios

1

Mary Villa 07/03/2017 10:56 AM

"Los seres humanos no nacen para siempre el día en que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga a parirse a sí mismos una y otra vez" . Su legado nos invita a reinventarnos a redescubrirnos día a día, a encontrarnos en nuestras memorias y hacer cada día una mejor versión de nosotros mismos. ¡Mil gracias Gabo!


AVANCES
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad
TOP 5 DE NOTICIAS