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Experiencia Panorama
09:30 AM / 13/03/2017
Fito Páez: Trovador de nobles corazones en flor
Alexis Blanco
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Archivo

Mientras gestaba a su hijito Rodolfo, a quien sólo vería durante sus primeros ocho meses, la pianista y docente de matemáticas, Margarita Zulema Ávalos, solía arrullar a su bebé con canciones que, milagros de la vida mágica, heredaría sus dones para la música. El niño, conocido luego en el mundo artístico como Fito Páez, cumple hoy 54 años.

El muchacho flaco y desgarbado, quien fue criado por su padre, del mismo nombre, y por su abuela, redondearía una trayectoria en la que la música, la literatura y el cine ocuparían un lugar fundamental. Protagonista de lo que se denominó la “Trova Rosarina”.

El chico del piano, quien abrió los ojos el 13 de marzo de 1963, volverá hoy a contemplar en retrospectiva esa vida que, según el músico Luigi Macías, representa un paso constante hacia la excelencia, cantos impregnados con el fulgor, dorado a la vez que trágico, de la vida misma. Un pensador que trova.

Fito Páez despega desde su propia plataforma creativa, con sendos álbumes cargados de una contagiante calidad rítmica, al tiempo que era reverberación pura de una personalidad subyugante sobre el escenario. El amor después del amor, en  1992 y Circo beat, dos años después, no sólo resultaron éxitos rotundos de público y de crítica, sino que aún deslumbran como auténticos clásicos sonoros.

Vibra contagiante la del Fito, quien emerge como un lúcido letrista, plenamente vinculado con los grandes asuntos políticos en su país, como se constata en álbumes clave, como Abre, donde el tema La casa desaparecida devino en una suerte de melancólico himno sobre la derrota argentina en el litigio contra los ingleses por las islas Malvinas.
Un conteo de sonoridades extraordinarias son las mejores canciones de Páez, ganador de cinco premios Grammy Latino. La melómana local, Zedka Poulan, tararea una de sus canciones, Polaroid de la locura ordinaria: “Pasábamos todo el día, tirados en la cama el tiempo, maldita daga, lamiéndonos los pies...”. Un poeta simple y profundo.


También la poeta Mariana Deburg estampa su canto en la crónica del Fito: “Luna de los pobres siempre abierta 
Yo vengo a ofrecer mi corazón / Como un documento inalterable / Yo vengo a ofrecer mi corazón.. Y uniré las puntas de un mismo lazo / Y me iré tranquilo, me iré despacio / Y te daré todo y me darás algo / Algo que me alivie un poco mas... Cuando no haya nadie cerca o lejos / Yo vengo a ofrecer mi corazón / Cuando los satélites no alcancen / Yo vengo a ofrecer mi corazón“. Aceptado.

Miope quijotesco que ensancha su prestigio en la medida que toca con tipos como Charly García, Luis A. Spinetta, David Lebón o Andrés Calamaro, aportando en cada instante una particular manera de componer. En su Circo beat el contagio sónico es inevitable. En sus comienzos, junto con Ricardo Vilaseca y Patricio Pietro, Fito emula a su banda preferida, Sui Generis. 
Luego, en 1979, a los 16 años emprende su viaje personal: funda la banda  Neolalia (‘nuevo idioma’) junto a su compañero de estudios, Dante Alighieri y amigos del barrio. Luego formaría grupos como Sueñosía, junto a Fabián Gallardo, Gno el Bizarro, Graf y Arcana; experiencias efímeras y sin ningún disco. En 1980 formó Staff, con la que ganó el primer premio del concurso de música progresiva, que contaba entre el jurado al músico Juan Carlos Baglietto.

La década de los 80 lo vinculó con Baglietto, quien lo sumó como tecladista y compositor. La movida musical rosarina tomó por asalto a Buenos Aires, donde cambiaría la vida del artista en ciernes. Charly García, otro genio del rock sureño, lo recibe en su banda y así participa en la gira del disco Clics modernos, en 1983. Un año más tarde participa en la grabación del disco Piano bar. Por primera vez el amor toca su puerta: conoce a Fabiana Cantilo, corista de la banda. la primera de cuatro relaciones clave.
Ese mismo año firma con el sello EMI un contrato de cinco años y edita Del 63, donde destaca los temas Tres agujas (que compone desolado por la ausencia temporal de su novia) y La rumba del piano. Cesa su colaboración con el Charly y saca su álbum Giros, en 1985. De allí resulta indispensable referir Yo vengo a ofrecer mi corazón, 11 y 6, así como Cable a tierra. Voz y teclas argamasadas en sonoridades de novedosa luz. 
Después vendrá Corazón clandestino, un disco de tres canciones  con la colaboración del genio brasileño, Caetano Veloso. El cronista del rock, Angelvis Gotera, recuerda que en esa época Fito cumple su sueño de tocar con Spinetta, con quien hizo el álbum La la la, donde refulge parte del aire, otro clásico. compuesto para honrar a su padre recién fallecido, a quien imagina reencontrándose con su madre en el mundo morado: “Por la vía láctea se encontrarán en algún planeta, en algún lugar”.

La tragedia toca a su puerta de manera desquiciante, cuando el siete de noviembre de 1986, mientras estaba de gira por Río de Janeiro, su abuela, Delma Zulema Ramírez de Páez, junto con su tía abuela Josefa Páez y Fermina Godoy (empleada de las abuelas, embarazada), son brutalmente asesinadas. Un misterio sin resolver que enloqueció a Fito, quien compone entonces un himno contra la violencia urbana: Ciudad de podres corazones. “Era como un animal enjaulado en su propio dolor. [...] Creo que me la pasé todo el día llorando, tomando whisky y lexotanil (...) En esta puta ciudad todo se incendia y se va, matan a pobres corazones”.


En 1987 publica este trabajo que se considera un hito clave en su carrera. Un trabajo reflejo de esa misma violencia, advierte la DJ Milagros Melián, quien sostiene que ese lado oscuro exorcisa aun gigante de la canción, quien “como Dante, descendió a los infiernos para retratar un caos que hoy más que nunca nos atormenta”.
Pasada la tormenta personal, Fito intenta recuperar su iluminación artística y, en 1988, último con EMI, hace ¡Ey!, grabado entre Buenos Aires, Nueva York y La Habana, con la cooperación de Tweety González (llamado “el cuarto Soda Stereo”). Allí está Por siete vidas (Cacería), donde participa, en la sección de vientos, el grupo Afrocuba.
El amor después del amor rasga su intimidad, ya que rompe con Fabiana y recibe en su vida la bendición de la actriz, Cecilia Roth, con quien expandirá sus alas creativas y encontrará algo de paz. Hace un concierto para Unicef que recoge medio millón de dólares. Es una estrella generosa y grata, que no duda en colaborar con otros notables artistas, como el caso de Joaquín Sabina o su propia compatriota, Mercedes Sosa.


Como cineasta también desarrolla un trabajo exitoso, dirigiendo a Rorh y consolidando un lenguaje personal como director de notables recursos creativos. Fito Páez hoy alza con nosotros sus copas y nos insta a tararear sus canciones.

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