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Ciencia y Tecnología
09:01 AM / 14/03/2017
La humanidad recuerda a Albert Einstein
Panorama
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PERFIL// EINSTEIN  el genio contradictorio
Archivo PANORAMA


Considerado el científico más importante de todos los tiempos, su vida sigue siendo un entramado difícil de entender. Por un lado se le aplauden sus aportes, mientras sus detractores lo vinculan a la creación de la bomba atómica. Aunque alemán de nacimiento, hasta sus últimos días abogó por la causa sionista. 

Bueno,malo,amable, déspota, afable, distraído, pero definitivamente genio. Así era el hombre de la relatividad. Por momentos preocupado por el destino de la humanidad, y a ratos cansado de vivir ‘entre esta lamentable manada de humanos’.

Hoy, cumpliéndose un aniversario más de su nacimiento, el mundo sigue intentando entender su contradictoria personalidad, aunque sin lograrlo. La razón, es que con Einstein uno no puede darse el lujo del análisis pixelado. Para conocer al pacifista que impulsó la creación de la bomba atómica, hay que verlo como un todo, y desde que llegó al mundo.

Nacido en Alemania el 14 de marzo de 1879 dentro de una familia de raíces judías, fue un bebé regordo y tan cabezón que su abuela en principio pensó que padecía una deformación. Pronto fue impulsado por padre, madre y hasta un tío, a los estudios y la música. 

Su hablar en susurros y el hecho de repetir varias veces cada frase que decía, lo fueron perfilando como un ser muy especial, huraño, que solo disfrutaba la compañía de su única hermana, nunca de otros niños.

A los ojos de maestros y compañeros de clase poco acostumbrados a tratar disléxicos, Albert era un desadaptado, sin embargo, llama la atención que a los cinco años ejecutara perfectamente el violín, a los ocho entendiera cálculo diferencial, y a los 12 infinitesimal. 

Por otra parte, pese a que más de un biógrafo lo ubicó como un mal estudiante, hoy se sabe que eso se debió a que no comprendieron la diferencia entre el sistema de calificación suizo y alemán, pues en el primero seis es la máxima calificación mientras en el segundo la peor. Einstein aparecía con seis en álgebra, física, geometría analítica y trigonometría por sus estudios secundarios en Suiza donde llegó huyendo del nazismo. 

Fue luego en la misma Suiza donde se acerca a filósofos como Kant, Marx y Engels, así como al socialismo, y donde conoce a su primera esposa, iniciando su complejo quehacer amoroso.

Rondando los 1900 se gradúa como profesor de secundaria, pero allí su vida empieza a cambiar rápidamente. Se casa con Mileva Maric, su novia de años, y elabora reconocidos trabajos entre los que figura la primera enunciación de la Teoría de la Relatividad. En ese momento, la gente apenas vislumbraba que por él, los científicos cambiarían la forma de ver el mundo. Así de certero fue. El problema de fondo, es que para tal genialidad, Einstein debía apartarse por momentos de la humanidad circundante, lo que lo ubicaba en un extremo nada saludable a los ojos de muchos. 

Bertrand Russell, filósofo, Premio Nobel y amigo, lo definió acertadamente como alguien al que los asuntos personales no le ocuparon gran cosa. Otros lo veían como un hombre cuyas palabras en público se contradecían con su actuar en privado, de amplia visión intelectual pero miopía emocional, que dejó tras sí una serie de vidas dañadas.

Una de ellas fue sin duda la de una niña procreada por él y Mileva, de paradero desconocido hasta el día de hoy. La mujer de quien Albert había dicho “es mi igual”, dejó de interesarle, así como su hija.

La reconocida casa de subastas Christie vendió parte de las 1.900 cartas escritas por Einstein, algunas enviadas a ella en lapsos de separación, donde se refleja la extraña relación que llevaban. En una, precisa a Mileva: “Nunca esperes muestras de afecto... y responde de inmediato cuando se te hable”. Era definitivamente déspota y claramente infiel, lo que no impidió que tuvieran otros dos hijos, Hans y Eduard, uno de ellos superdotado.

Esa unión ya enrarecida, donde hubo incluso violencia doméstica, se disolvió en 1919, dando paso —en apenas dos meses— a otra relación, esta vez con su prima hermana Elsa Einstein, pese a su tan recordada frase sobre el matrimonio: “tuvo que ser inventado por un cerdo sin imaginación”.

El español Ramón Núñez Centella, director de Museos Científicos, asegura que el investigador se casa con ésta porque entendió de forma más matemática que emocional, que eso le equivaldría a tener una cuidadora permanente.

Su prima, ya tenía dos hijas de anterior matrimonio, por lo que el carácter libidinoso del genio sale a relucir planteándose la posibilidad de tener una relación con una de ellas, más que con su madre, aunque esto no prosperó. 

Por esos días y en ocasiones, su conducta puertas afuera daba otra impresión. Acudía a las mismas reuniones sociales donde aparecía Chaplin. 

Todo este entramado se da a la par de sus aportes, pues no hay que obviar que ya para 1921 era Nobel en Física por su teoría Fotoeléctrica y no por la Teoría de la Relatividad, porque el científico encargado de avalarla, no la comprendió. Aún así, todo le valió la entrada a Princeton, EEUU, durante los años 30, cuando acosado por el avance del nazismo y el deterioro de Europa, llega allí.

Fue en ese período que descubre la posibilidad de controlar el poder atómico, y cuando le asalta una enorme preocupación: que la Alemania hitleriana eleborara la bomba atómica.

En un instante, el científico queda supeditado nuevamente al hombre que incurre en un desliz fatal, instar al presidente norteamericano Roosevelt a elaborar el arma primero, para mostrarla. Esa carta enviada a Roosevelt, avalada por otros colegas, se convertiría en un terrible bumerang que lo perseguiría por siempre.

Roosevelt, inicia el Proyecto Manhattan para el eventual desarrollo de Little boy y Fat man, detonadas con breve intérvalo sobre Hiroshima y Nagasaki en agosto del 45, en el marco de la Segunda Guerra Mundial.

La primera, tenía una potencia de 16 kilotones (16.000 toneladas de tnt), que a las 8:15 de la mañana elevaron la temperatura (a 600 mts del suelo) a 15 millones de grados centígrados, con una ola de presión fatal de dos kilómetros de radio.

Ante los 110.000 cuerpos desintegrados por ‘el mayor hecho criminal en la historia del mundo’, Einstein queda devastado... su respuesta salió a la luz poco después. “Mi participación en la producción de la bomba consistió en un solo acto, firmar la carta a Roosevelt...yo no vi alternativa a lo que hice...”. Ciertamente él era un pacifista activo, convertido en una gran paradoja de vida, ser una cosa, y haber actuado por otra.

Fue quizá por ese peso que se dedica a intervenir por la desaparición de las armas nucleares, sugiriendo entre otras cosas que ni el público ni los gobiernos del mundo eran suficientemente concientes del peligro que éstas encerraban. El documento, fue la gran enmienda que su conciencia necesitaba, pues se dice que después del hecho vivió con enorme culpa. “Si hubiera sabido ésto, me habría dedicado a la relojería”, sentenció. Y no era para menos. La jauría de colegas que se unió para echar por tierra cada una de sus ideas estaba de fiesta. Tenían un libro titulado Cien autores contra Einstein, y hasta una asociación.

A partir de ahí vivió caminando por Princeton, cosa que alegraba a los que tropezaban con él, y produciendo más conocimiento. 

Dejó una de las más importantes teorías de la física, la Teoría del campo unificada, así como otras que, 15 años después de su ida, fueron validadas.

Su apariencia durante las caminatas, al igual que su cabellera y genio, se inmortalizó. “Cuando analizaba no estaba en este mundo”, aseguraron los que compartieron con él. 

Una de sus más famosas fotografías se dio a la edad de 70 años, cuando cansado ante la insistencia de los periodistas para que posara, les sacó la lengua.

A los 76, muere producto de una hemorragia interna, negándose a ser operado, ni más tarde enterrado. “Quiero irme cuando quiera. Es de mal gusto prolongar artificialmente la vida”, declaró.

Sus cenizas se esparcieron sobre el campus universitario, no sin que su médico extrajera el cerebro en un intento por comprender de dónde provenía tanta genialidad. 

Tras una disección en 240 partes, y numerosos estudios años después, se supo al menos que el área relacionada con la capacidad matemática, era mayor de lo normal. 

En definitiva, hoy, cada vez que se entra a un ascensor y la célula fotosensible regule la apertura de las puertas, hay que pensar en él...bueno o malo, amable o insensible, hay que reconocerlo a él.

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1Comentarios

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Pedro Reyes 14/03/2017 09:41 AM

Excelente nota. Siempre vale la pena recordarlo. También recuerdo a “los super emprendedores venezolanos” que jamás fueron ayudados por las instituciones gubernamentales manejadas por los adecos o copeyanos. Existieron instituciones para apoyar a los emprendedores y solo se repartían los recursos entre los de los partidos. Si claro! Hasta se llevaron capital para Europa para construir empresas de logística que hoy en día “todavía” funcionan. Lo más sensato es que hayan inhabilitado políticamente a la sobrina de una de ellas. Y eso lo digo sin ser chavista.


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